Llega un momento en el que te das cuenta de que los días dejan de pasar. De que de repente, eres tú el que pasa esos días. De que la gente que te mantiene en pie es la misma que en su momento pudo y aún puede destrozarte. Llega un momento en el que te das cuenta de que las cosas ocurren por algo. Llegó ese momento. Llegó el momento de sentir como te enamorabas. Y llegaste tú. Llegaste tú, que estabas conmigo desde hacía tanto tiempo. Llegaste tú, que sin saberlo, te convertiste en la pieza insustituible de mi puzzle. Te volviste mi nueva forma de ver las cosas. Resultaste ser la única pieza que encajaba en mi.
Y ya no cambiaría nada de esas mañanas despertando a tu lado. Y no cambiaría esas noches de verano en las que sin saber qué hacer, nos hacíamos el amor. Tampoco cambiaría las de invierno. Ni las de otoño. Ni las de primavera. Contigo, no cambiaría nada.
Tampoco cambiaría esa forma tan estúpida que tienes de hacerme sonreír. Esa forma de mirarme que me hipnotiza, esa forma de tocarme, que me vuelve loca. Tampoco cambiaría tus besos y tus extrañas costumbres. No cambiaría ninguna de tus manías, ni siquiera que cada vez que te rasques el ojo parece que te lo vayas a arrancar. No cambiaría tus enfados ni por la sonrisa de cualquier otro. No valen nada si no vienen de tu boca. Tampoco cambiaría nuestras malas rachas, ni nuestras tontas peleas. No te cambiaría.
Y entre las sábanas te encuentras tú. La mejor forma de ahuyentar el frío.
El único que solo con hablarme bonito me produce calor.
Es mirarte, y sé que no hay nada mejor. Y es que joder, eres perfecto. Abrir los ojos y verte sonreír es una de las mejores cosas que me ha podido ofrecer la vida. Tenerte, poder darte la mano, ayudar a levantarte. Son pequeños placeres que solo yo soy capaz de apreciar. Pequeños placeres como hacer el amor por las mañanas, como que me hagas el café y me pongas el azúcar perfecto, como que me dejes tu camiseta y que huela a ti. Pequeños placeres como besarte en el cuello, como atarte, como morderte, como lamerte. Pequeños placeres que me dan la vida, pequeños detalles que me hacen vivir.
Hubiese jurado que no había nada más sexy que ver a alguien desnudo, y me equivocaba. Lo más sexy del mundo era verte sonreír. No hay curva que supere la de tu sonrisa.
Y es que no hay puntos finales en esto, no quiero un final sin ti. Quiero una vida contigo. Quiero despertarme con tu sonrisa junto a la mía, quiero hacerte feliz. Quiero que me veas en tu cama con tu camiseta, y te sientas igual de orgulloso que el primer día. Quiero que te acuerdes siempre de mi. Te quiero a ti. Conmigo. Toda la vida.
"Un día más es un día menos"
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