Miedo a volver a sentir que te vas. Miedo a volver a creer que no volverás a ser mío. Miedo, miedo a perderte. Miedo a no volver a despertarme a tu lado. Miedo a que de un día para otro esto deje de ser nuestro. Miedo a no volver a besarte, miedo a no volver a tenerte. Miedo a que seas de otra, miedo a no volver a ser tuya. Miedo. Miedo a no volver a escucharte decirme que me quieres. Miedo a ver como dejas de formar parte de mi vida. Miedo a dejar de ser importante en tu vida. Miedo a no volver a ver ese destello en tu mirada cuando me ves. Miedo a que no me vuelvas a coger de la mano. Miedo a que no me hagas más el amor, miedo, miedo a que dejes de estar enamorado. Miedo. Miedo a que se pase el amor, miedo a tener que dejarte ir. Miedo a volver a verme como una idiota mirando nuestras fotos creyendo que no volvería a verte. MIEDO DE VERTE IR.
Siento miedo. Insegura. A veces tímida. Llorona. Sensible. Exagerada. A veces un poco picada. A veces muy enfadada. Alegre. Cariñosa. Loca. Loca por ti. Así me declaro. Todas esas cosas que pueden sacarte de quicio y a la vez enamorarte. Siento miedo. No quiero perderte. No quiero que te vayas. No quiero verte en brazos de otra. No quiero, y tampoco puedo.
No quiero escuchar que las cosas han cambiado. No quiero escuchar que te cansaste. No quiero dejarte ir. Por eso intento enamorarte un poco cada día. Como si fuera el primer día de nuevo. Por eso intento sorprenderte siempre. Porque tú siempre me sorprendes. Porque tú cada día me enamoras un poquito más. Como si fuera la primera vez que te beso otra vez. Como si fuera la primera vez que te veo de nuevo. Me enamoré, y me enamoro cada día otra vez.
No quiero perderte. No quiero dejarte ir. No quiero dormir sola otra vez. Te quiero a ti.
Insegura. A lo mejor esa es la palabra que ahora mismo me define. Y llorona. Muy llorona.
Pero te quiero, te quiero muchísimo. Y sin duda eres el amor de mi vida. El hombre de mi vida. No quiero dejarte ir. Nunca.
Llega un momento en el que te das cuenta de que los días dejan de pasar. De que de repente, eres tú el que pasa esos días. De que la gente que te mantiene en pie es la misma que en su momento pudo y aún puede destrozarte. Llega un momento en el que te das cuenta de que las cosas ocurren por algo. Llegó ese momento. Llegó el momento de sentir como te enamorabas. Y llegaste tú. Llegaste tú, que estabas conmigo desde hacía tanto tiempo. Llegaste tú, que sin saberlo, te convertiste en la pieza insustituible de mi puzzle. Te volviste mi nueva forma de ver las cosas. Resultaste ser la única pieza que encajaba en mi.
Y ya no cambiaría nada de esas mañanas despertando a tu lado. Y no cambiaría esas noches de verano en las que sin saber qué hacer, nos hacíamos el amor. Tampoco cambiaría las de invierno. Ni las de otoño. Ni las de primavera. Contigo, no cambiaría nada.
Tampoco cambiaría esa forma tan estúpida que tienes de hacerme sonreír. Esa forma de mirarme que me hipnotiza, esa forma de tocarme, que me vuelve loca. Tampoco cambiaría tus besos y tus extrañas costumbres. No cambiaría ninguna de tus manías, ni siquiera que cada vez que te rasques el ojo parece que te lo vayas a arrancar. No cambiaría tus enfados ni por la sonrisa de cualquier otro. No valen nada si no vienen de tu boca. Tampoco cambiaría nuestras malas rachas, ni nuestras tontas peleas. No te cambiaría.
Y entre las sábanas te encuentras tú. La mejor forma de ahuyentar el frío.
El único que solo con hablarme bonito me produce calor.
Es mirarte, y sé que no hay nada mejor. Y es que joder, eres perfecto. Abrir los ojos y verte sonreír es una de las mejores cosas que me ha podido ofrecer la vida. Tenerte, poder darte la mano, ayudar a levantarte. Son pequeños placeres que solo yo soy capaz de apreciar. Pequeños placeres como hacer el amor por las mañanas, como que me hagas el café y me pongas el azúcar perfecto, como que me dejes tu camiseta y que huela a ti. Pequeños placeres como besarte en el cuello, como atarte, como morderte, como lamerte. Pequeños placeres que me dan la vida, pequeños detalles que me hacen vivir.
Hubiese jurado que no había nada más sexy que ver a alguien desnudo, y me equivocaba. Lo más sexy del mundo era verte sonreír. No hay curva que supere la de tu sonrisa.
Y es que no hay puntos finales en esto, no quiero un final sin ti. Quiero una vida contigo. Quiero despertarme con tu sonrisa junto a la mía, quiero hacerte feliz. Quiero que me veas en tu cama con tu camiseta, y te sientas igual de orgulloso que el primer día. Quiero que te acuerdes siempre de mi. Te quiero a ti. Conmigo. Toda la vida.
Y una vez más, me voy. Te dejo atrás, me duele mirarte desde lejos, no quiero sufrir más. Ahora me toca esperar de nuevo, esperar para verte, esperar para ver al hombre de mi vida. Y espero. Porque no me queda otra, porque las cosas no van a cambiar por mucho que quiera. Porque todo lo que haga ahora formará mi futuro, y ojalá, eso signifique que también lo hará el tuyo, el nuestro.
Esperar. De eso se trata esto. De esperarte, de esperarnos. De seguir viviendo sin ti, de intentar sentirte sin tenerte. Es complicado.
Es complicado porque cada vez que cierro los ojos lo único que hago es verte. Verte a ti, tu sonrisa, tus ojos. Y no puedo tenerte. No puedo tocarte, no puedo mirarte.
Y te echo de menos nada más haberme despedido de ti. Noto un escalofrío, y de repente solo quería estar contigo. Solo quería estar entre tus brazos, cogerte de la mano. De repente solo quería besarte.
Y pasaron las horas, y se me encharcaron los ojos recordándote.
Porque no hay nadie que pueda hacerme más feliz. Porque no quiero que nadie más me despierte por las mañanas mirándome, porque no quiero que nadie más me despierte haciéndome cosquillitas. Porque solo tú me haces feliz solo estando conmigo. Porque a pesar de la distancia las cosas buenas como éstas, permanecen. Porque tú y solo tú eres capaz de hacerme sentir esto.
Y me enamoré de ti. Me enamoré de tus manías, de que te rascases como un loco el ojo. Me enamoré de que enviases notas de voz enfadado cuando algo de ocurría. Me enamoré de la manera en la que me tocabas, de la manera en la que me mirabas. Me enamoré. Y sigo enamorada. Y lo estaré toda la vida.
Porque eres mi primer amor, porque no quiero que nadie más lo sea. Porque solo tú puedes hacerme feliz toda la vida. Porque solo quiero que tú lo hagas.
Porque no quiero hacer el amor con nadie más, porque tampoco podría. Porque me enamoré de ti, porque no me podría enamorar de otras manos, de otros ojos, de otra sonrisa. Porque nunca imaginé que querría amarte toda la vida...
Porque me enamoré de ti, porque conocí al hombre de mi vida mucho antes de saber que lo era, y porque quiero que lo seas durante toda la vida.
TE QUIERO ÁLVARO
Sentir como mi cuerpo descarga toda su energía en una caída libre. Eso es lo que quiero. Quiero besarte, quiero entrelazar mis piernas con las tuyas, quiero hacer el amor. Eso es lo que quiero, eso es lo que siento cuando lo hacemos, siento como "caigo al vacío". Sin pausa, sin prisa. Lento, poco a poco, besando cada pequeño oyuelito de tu boca, mordiendo tu lóbulo, mordiendo tu oreja, mordiéndote todo. Besándote, centímetro a centímetro la piel. Rozarte y sentir como tu respiración aumenta. Quiero tirarme en paracaídas. Quiero sentirte de nuevo. Eso es lo que siento cuando me besas, siento como "caigo en picado". Y me gusta. No, no me gusta. Me encanta. Tu mano pasando por mi cuello, tus dedos paseando por mi piel, de la mano del amor pasea la pasión, con tus dedos rodeando mi cintura paralizas el tiempo, y parece que el tiempo no pasa. Pero si, si pasa. Y tú y yo tenemos que despedirnos, una vez más. Y el corazón se me hace añicos cuando pienso que te vas, y te miro y no puedo dejar de mirarte. Eres el tesoro que nunca conseguí encontrar, el que ahora logré, no hay nada superior a ti. No veo nada en ti que no me guste, no desprecio nada de ti, no hay defectos que no sean perfectos para mi. Tus manías envuelven tus mejores virtudes. Observador, atento, cariñoso, todo lo que cualquiera querría, eso eres tú. Un beso, un beso necesité para engancharme a ti. Un beso para no querer acabar nunca contigo, Un beso en la boca...seguido de caricias, seguido de besos por el cuello, de mordidas, de caricias por la espalda, de cosquillitas, de enlazar las manos, de apretar, de un "querer hacerlo ya". Un grito en silencio, una mirada con los ojos cerrados, una caricia sin tocarnos, un susurro sin abrir la boca, un te quiero nariz con nariz. Así me siento yo cuando te beso, cuando hacemos el amor. Siento como caigo en picado, como tiro de la anilla del paracaídas una vez más, antes de caer y hacerme daño. Siento como me tiro al vacío, sin miedo a morir, a morir de amor. No me da miedo hacerme daño, pero si me da miedo hacerte daño a ti. Por eso cada vez que me ocurre tiro de la anilla. Por eso a veces tiemblo cuando me tocas, cuando tu mano pasa por mi entrepierna, por eso a veces mi cuerpo se estremece cuando me besas cerca de la boca, porque la anilla aún no ha sido tirada, y temo hacernos daño. Y entre sollozo y sollozo, entre mirada y mirada, un te quiero se escapa de entre tus parpados y lo acoge mi mejilla sonrojada.
Cuando pones todo tu esfuerzo en que algo salga bien, y sale mal. Ahí es cuando peor se pasa, cuando te das cuenta de que la buena fe no sirve para nada. Para hacer las cosas bien de verdad hay que estar preparado, en todos los ámbitos. Para lanzarte al vacío y probar suerte no, pero si quieres hacer algo bien, tienes que saber lo que haces. Y en eso es en lo que fallamos. Creemos que sabemos todo. Creemos saber cómo llevar cada situación, creemos saber manejar cada parte de nuestra vida. Y de nuevo es en eso en lo que fallamos. No hay nada, absolutamente nada que podamos controlar totalmente en esta vida, ni siquiera lo más profundo de nuestro ser, ni siquiera los sentimientos, ni las emociones, incluso a veces es imposible controlar ciertas conductas. Y nos perdemos. Perdemos los estribos, perdemos el respeto, la responsabilidad, perdemos la fuerza, la dignidad, perdemos las ganas, y todo por malos momentos. Por malos tránsitos en nuestra vida. Nos hundimos creyendo haber perdido lo que somos. Y es ahí dónde nos volvemos a equivocar. Nunca vas a perder lo que eres, tal vez te pierdas a ti mismo, tal vez te sientas solo, tal vez no sepas a donde ir. Incluso tal vez un día lo estés. Pero nunca vas a perder lo que eres, nunca perderás tu esencia, nunca perderás lo que realmente eres tú. Perderás gente cuando vayas subiendo cada escalón de tu vida, irás viendo caer a gente que quiso darte la mano por interés. Perderás gente que creías que eran tus amigos. Perderás gente que pensaste que darían todo por ti, pues tú si hubieses dado todo por ellos. Y cuando estés ahí, arriba, mirando hacia abajo, cuando por fin llegues a alguna de las metas propuestas, ahí sabrás quien es quien estaba de verdad contigo. Quien a pesar de que tus esfuerzos y tu buena fe no funcionasen siempre intentaron que aprendieses. Quien nunca dejó de creer en ti. Quien pensó que podías con todo. Quien mientras sudabas, llorabas, reías y pasabas horas en vela por conseguir tu sueño, nunca te abandonó. Quien mantuvo tu buena fe para seguir intentando conseguir que las cosas salgan bien. Hay quien cree, como en su momento creía Hobbes, que el ser humano es malo por naturaleza. Siempre pensé así, siempre creí que el ser humano había nacido malo por naturaleza y había sido transformado por la propia sociedad a ser "bueno". En cambio, ahora creo y sería capaz de asegurar, que es todo lo contrario. Estoy más de parte de Rousseau. Creo en la buena fe de las personas, creo que nacemos buenos, pero que a pesar de todo, es la sociedad la que nos corrompe y modifica nuestros comportamientos. También creo que es cierto que solo con buena fe no se llega a ningún lado si se quieren hacer las cosas bien de forma segura, pero cabe añadir que claramente, sin buena fe tampoco se haría nada "bien". La buena fe, la esperanza, las ganas y las ansias de cambiar el mundo, la necesidad de satisfacer a la gente, la simple esperanza de ver cómo una persona sonríe... creo que eso, no hay quien lo pueda pagar.
Nunca nadie podrá enseñarte a ser bueno, en cambio todos pueden enseñarte a hacer las cosas bien.
No me importaría estar ahí para ti, todos los días de mi vida.
No solo no me importaría, sino que me encantaría.
Me gustaría estar ahí cuando te den tu primer trabajo fijo. Me gustaría estar contigo cuando te den tu primer sueldo, cuando te toque salir de fiesta con tus amigos. Me gustaría estar apoyándote cuando llegues a casa tras un día de estrés, desde la ducha. Me encantaría que tú hicieses lo mismo por mi. Me gustaría darte un beso cuando te den las notas en clase. Me gustaría poder ayudarte a estudiar, poder ayudarte a hacer aquello que estés haciendo en esa etapa de tu vida.
Me gustaría despertarme un día y verte vestido para el trabajo, mirando como me despierto, igual que el primer día. Me encantaría ver como miras así al pequeño que nos ha dado la lata toda la noche, al culpable de que tengamos esas ojeras escandalosas, al pequeño culpable de que esta vez no haya sido por voluntad propia el hecho de no poder dormir.
Me encantaría ir a verte a donde quiera que estés. Me encantaría irme de "mochilera" contigo. Me encantaría acompañarte cuando las cosas dejen de ir bien. Me encantaría darte la mano cuando no sepas cómo subir. Me encantaría darte un abrazo cuando note en tu mirada que lo necesitas. Me encantaría poder estar ahí contigo cuando pases malos momentos, cuando no sepas que hacer, cuando no sepas en quien confiar. Me encantaría tener la oportunidad de vivir esos momentos contigo, de hundirme tan hondo en tus penas como tú me digas y subir de un solo salto viendo como te ríes al hacerte cosquillas en los pies. Me encantaría pasar esos momentos contigo, me encantaría porque entonces sabría que formo parte de tu vida, y que me quieres en ella en todo momento.
Me encantaría verte sonreír cada mañana. Y me encantaría ver como sonríes cada noche. Que buen sabor de boca...el sentir tus labios todos los días.Cómo deseo poder vivir como quiero contigo.
A veces las cosas no salen como queremos. A veces la distancia hace que estas cosas sean mucho más complicadas. A veces pienso que no vale la pena. Pero luego pienso en ti y esa idea desaparece de mi cabeza. Claro que vale la pena, tú vales la pena, más que ninguno.
Vale la pena pasar tiempo sin verte si luego cuando nos vemos me doy cuenta de que cada día te quiero más. Vale la pena las noches en vela preocupada si después me vas a llamar para preguntarme cómo estoy. Vale la pena las lágrimas derramadas si luego en tus ojos voy a ver un mar de amor y calma. Vale la pena dormirme pensando en ti, porque llegará un día en que por fin vuelva a dormir contigo. Vale la pena soñar contigo, porqué sé que esos sueños nunca serán tan buenos como la realidad que vivo contigo. Vale la pena, porque gracias a ti he descubierto tanto las peores como las mejores sensaciones al tenerte. Al tenerte y al creer perderte.
Vale la pena. Porque un día más es un día menos. Porque dónde tú vayas yo iré. Porque no pienso dejarte solo. Porque no mereces llorar. Porque no mereces sentirte mal por nada. Porque mereces a alguien que te trate como un rey. Mi rey.
Porque te quiero, y porque echarte de menos se hace más ameno teniéndote después. Y porque el "tú y yo" suena mucho mejor desde que sé que ese "tú" es solo contigo".
Y toqué tu pelo mientras me agarrabas la cintura. Apretaba con fuerza y me acercaba a tu cuello, y ahí fue cuando supe que ese era mi sitio. En tu cama, contigo, abrazada a ti, queriéndote cuidar, entrelazando mis dedos con los tuyos, ese era mi sitio. Interpretando tus miradas como si te conociese desde siempre. Sabiendo lo que piensas en cada momento. Y fue ahí cuando supe que tal vez no eras perfecto, pero si eras perfecto para mi. Fue ahí, después de hacer el amor, cuando supe lo que era "hacer el amor". Fue ahí, al llegar a mi casa de madrugada, cuando supe que eso era lo que quería, no volver, sino quedarme contigo.
Y te miraba y sabía que eran esos ojos los que quería ver al despertarme cada mañana. El horizonte se encontraba en tus pupilas, y el infinito en tu sonrisa. Solo bastaba con verte para sentirme bien, para sentirme viva. Saber que te volvería a ver se convirtió en mi prioridad, aunque nunca hiciese eso evidente. Me colocaba el pelo de la manera que creía que más te gustaba. Me ponía ropa para ver si te encontraba por la calle. Siempre iba bien perfumada a tu casa, para que se quedase mi marca en tu ropa. Siempre intentaba parecer indiferente, porque decían que eso era lo que más atraía.
Pero me di cuenta de que contigo todo era diferente. No tenía que ser indiferente, tenía que ser yo. Tenía que quererte. Tenía que cuidarte. Y eso quería hacer.
Y eso hice. Empecé a verte de otra forma. Empecé a querer estar contigo siempre, empecé a no olvidarte. Empecé a hacer planes en mi cabeza contigo. Empezamos a hacer viajes, empezamos a hacer planes juntos. Empecé a ponerme tu ropa para dormir, empecé a dormirme contigo. Empezamos a ver la tele juntos, a cenar juntos. Empecé a mirarte cuando dormías, y empecé a quedarme dormida en tu pecho mientras tú me mirabas. Y eso empezó a gustarme.
Empezó a gustarme verme contigo en el espejo. Empezó a gustarme ir contigo de la mano por la calle. Empezó a gustarme mucho besarte. Empezó a gustarme mucho desvestirte, y luego vestirte. Me empezó a gustar mucho que me contases para hacer planes contigo, para ir a algún lado con tu familia.
Y entonces tuvimos que separarnos, por cosas de la vida. Por cosas que pasan. Pero es ahora, es estando aquí, cuando después de todo me doy cuenta de que esto valió la pena desde el primer momento. Desde que tú y yo nos juntamos, y desde que tú y yo nos separamos.
Que ahora es cuando sé que daría todo por ti, que no me cansaría de decírtelo, de decirte que te quiero, que estaría contigo toda la vida. Que no me cansaría de mirarte despertar cada mañana, que no me cansaría despertarme y ver como me miras. Que no me cansaría de darte sorpresas, de mimarte. Que no me cansaría de tenerte, que no me cansaría de darte la mano.
Que no sé si esto va a durar mucho, y tampoco sé como va a acabar. Solo sé que a pesar de todo estás formando parte de mi vida, y que sin duda alguna eres de todos los lugares, el lugar más bonito que me han brindado conocer. Que cuanto más me adentro en ti, más me gusta. Que cuanto más me brindas la oportunidad de conocer, más me gustan tus manías. Que cada noche cuando me acuesto conozco algo más de ti, y me encanta. Que nunca pensé que fuese cierto, pero que es verdad que me encantaría recorrer los lunares de tu cuerpo uno a uno, hasta que se acabaran, y volver a empezar, y así toda la vida. No me importaría poder contarlos, poder danzar sobre ellos, poder unirlos todos con un boli como cuando eramos pequeños, y luego meterte en la bañera, conmigo. Que tal vez nunca te lo digo, y lo pienso muy a menudo, y es que no buscaba nada y te encontré a ti, mi octava maravilla.
No me hacen falta fechas, ni palabras, contigo y con tus hechos me sobran para saber que esto es cierto, que no estoy soñando. Que tú fuiste desde que esto empezó, y eres hoy, mi mayor tesoro, y yo mi tesoro, lo cuido.
Hay gente que no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, pero yo espero no tener que perderte.Y es que no te cambiaría por nada, porque no hay nada mejor que tú.